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La huella que Raúl Vera deja en Saltillo

Victor Gill
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“Como en la vida de Jesús que siempre estuvo asediado, también los 20 años del obispo, desde su llegada, hasta su terminación, hubo críticas, murmuraciones, enemistades, unas más poderosas que otras, unas más amenazantes que otras, pero siempre su camino estuvo accidentado por situaciones adversas. Sin embargo, mantuvo la cordura, la calma, el carácter valeroso de mantenerse en una fidelidad al evangelio y eso fue lo que siempre lo sostuvo”, dice el padre Francisco Javier Rodríguez, párroco de la iglesia de Santa María. 

EVANGELIO CON DIMENSIÓN SOCIAL

De don Raúl se recuerda la anécdota de una memorable posada, una posada masiva, en la que el obispo increpó a los asistentes para exponer el caso de una familia de migrantes, el padre, la madre y un niño, que venían de lejos y buscaban un lugar donde quedarse. 

Don Raúl, preguntó palabras más, palabras menos, si había entre la gente una familia dispuesta a acoger a aquellos migrantes. 

Transcurrieron varios minutos tensos. 

Nadie había alzado la mano para ofrecer ayuda. Al final una pareja se animó a dar alojamiento al matrimonio y su retoño. Eran unos esposos de Monterrey

A su paso por Saltillo ciudad a la que alguna vez tildó de somnolienta, Raúl Vera López , supo dejar huella, calar hondo en la sociedad como defensor de los desposeídos, de los que nadie oye, de los invisibles, a través de la promoción del evangelio de la justicia y los derechos humanos. 

Había venido de enarbolar las causas de los pueblos indígenas en San Cristóbal de las Casas, Chiapas , como obispo coadjutor del humanista don Samuel Ruiz; y había venido de combatir la miseria, la violencia paramilitar y la discriminación hacia los grupos étnicos en el contexto de una diócesis vital, despierta, activa, comprometida y combativa.

“Llegar desde una diócesis tremendamente conflictiva por la violencia, lo que sucedió y que le tocó a él hace 22 años, la matanza Acteal, ser el presidente del Centro de Derechos Humanos “Fray Bartolomé”, traía esa luz y esa esperanza de su experiencia de lucha en favor de los derechos humanos”, dice Pedro Pantoja, asesor general de la Casa del Migrante de Saltillo

Vera se había encontrado con una ciudad, una Diócesis donde en apariencia reinaba la paz, donde en apariencia no pasaba nada. 

“Había una paz supuestamente real, pero era una paz imaginaria, con su problemática social y eso molestaba a la gente de poder, a la gente política”, dice el padre Pantoja.  

Sus prédicas en contra de la injusticia desataron entonces el escándalo y con el tiempo lo convirtieron, por sus críticas y señalamientos hacia la cúpula del poder, en un curo polémico, incómodo. 

“Fue un obispo que siempre ha afirmado sus valores de fe por encima de todo, su predilección por las personas antes que por las estructuras, y eso por supuesto que desataba reacciones, pero en su propósito nunca estuvo eso. Decía ‘yo pongo por delante mis ideas las del evangelio y punto, no voy a buscar nunca el conflicto con nadie, más bien afirmo lo que la iglesia nos pide que hagamos’”, señala Gerardo Escareño, vicario general de la Diócesis de Saltillo

POR LOS DERECHOS HUMANOS

De su obra pastoral destaca al inicio de su mandato la fundación del Centro Diocesano para los Derechos Humanos “Fray Juan de Larios”, con el que se materializó su clara visión de pugnar por los débiles.

“Sus primeras declaraciones son siempre a favor de la creación de un centro de derechos humanos. Desde ese lugar tan simbólico es el obispo que se va a preocupar por la vida, las necesidades y la justicia de los desamparados”, explica el padre Pedro Pantoja.  

Desde el “Fray Juan” don Raúl se hizo con la causa de proteger a quienes huían de la pobreza y la violencia en los países centroamericanos, buscando un futuro mejor en Estados Unidos: Los migrantes.

“Fue en ese tiempo donde inauguramos, oficialmente, el Centro de Derechos Humanos y la Casa del Migrante en Ciudad Acuña, ‘Emaús. Frontera y Dignidad’. Fue un bautizo de fuego porque él no había trabajado hasta ese momento, por su entrega a los indígenas, el tema migrante. Luego vino el establecimiento de la Casa Belén. Frontera con justicia’. A él le debemos el apoyo para entrar en esta casa Belén e iniciar aquí”, relata Pedro Pantoja, también rector de la iglesia de la Santa Cruz.

ACOMPAÑÓ A MINEROS,   DESAPARECIDOS, MINORÍAS

Del mismo modo el Obispo Vera se había echado a cuestas el apostolado de acompañar, en su caminar hacia la organización y reivindicación de sus derechos, a las familias de los 65 mineros muertos en la explosión de la mina Pasta Conchos, una tragedia que puso en el ojo del mundo a esa zona de dolor que es la Región Carbonífera de Coahuila. 

“Como todo lo que tiene que ver con las víctimas, Raúl Vera tuvo que pasar por un proceso de aprendizaje desde cómo se debe de extraer el carbón para que sea seguro. Y creo que la gran virtud que ha tenido es su disposición a aprender. Lo que hizo en el caso de Pasta de Conchos y en Cloete fue decir ‘basta’, porque las víctimas son las que fallecieron y las víctimas son a las que están despojando de sus casas y de sus pueblos, para seguir extrayendo carbón. No solamente tiene el corazón puesto con los pobres, sino también la razón. Lo que la gente tiene es este sector de iglesia comprometido con la vida de los pobres”, comenta Cristina Auerbach, representante de “Familia Pasta de Conchos“.

Los familiares de los desaparecidos, durante los peores años de la denominada guerra contra el narcotráfico emprendida por el gobierno calderonista, encontraron cobijo en la Diócesis de Saltillo cuando el estado mexicano y la sociedad misma las habían hecho objeto de una criminalización atroz.

“Inauguró un proceso bellísimo de compromiso con los desaparecidos con Fundec y Fundem, algo innovador a nivel mundial”, afirma el padre Pantoja.

ABRE PUERTA A COMUNIDAD GAY

Monseñor Vera fue el obispo que abrió las puertas de los templos a la comunidad LGBT que añoraba encontrar un espacio dentro la iglesia católica e integrarse a la sociedad como personas de respeto y valor. 

“Se buscaba que la espiritualidad de este sector fuera apoyada por la iglesia. La idea era que la población homosexual tuviera un espacio dentro de la Diócesis, Raúl Vera tuvo esta visión de inclusión, de decir ‘sí, va’. Hubo mucho escándalo porque, uno, cómo era posible que se reuniera con homosexuales y dos, que la bandera del arcoíris estuviera en el altar como un símbolo pagano que no debía de estar porque la Biblia decía que Dios odiaba a os homosexuales. Raúl defendió el proyecto de la comunidad San Aelredo“, dice Noé Ruiz Malacara, representante de la asociación San Aelredo.

El clérigo se sumó también a la defensa de las 13 sexoservidoras que habían sido violadas por un grupo de militares una noche de horror en el salón “El Pérsico”, de Castaños, en 2006.

E hizo suya lucha de los campesinos en contra de la instalación y operación del basurero tóxico en el ejido Noria de la Sabina, y la lucha por el derecho humano al agua en los municipios de Parras y General Cepeda.

“Nos ayudó mucho a crecer como personas y como organización. Aprendimos mucho con los campesinos, pero también con el acompañamiento de Fray Vera. Cuando estuvimos muy perseguidos por el poder económico y por el poder político, la única persona con investidura que nos dio la mano fue Fray Raúl. Él nos amparó, nos ayudó a establecer los vínculos necesarios para poder responder con eficacia a esas agresiones, amenazas, calumnias. Nunca lo olvidaremos. Esa lucha en contra del basurero tóxico y en la defensa del agua ha contado con el respaldo invaluable de don Raúl”, dijo José Luis García Valero, activista del colectivo “Sí a la Vida”. 

Temas que en muchas ocasiones resultaron en el escarnio público del obispo Vera, quien en alguna homilía se dijo amenazado de muerte por sus detractores, sus enemigos.

“Como en la vida de Jesús que siempre estuvo asediado, también los 20 años del obispo, desde su llegada, hasta su terminación, hubo críticas, murmuraciones, enemistades, unas más poderosas que otras, unas más amenazantes que otras, pero siempre su camino estuvo accidentado por situaciones adversas. Sin embargo, mantuvo la cordura, la calma, el carácter valeroso de mantenerse en una fidelidad al evangelio y eso fue lo que siempre lo sostuvo”, dice el padre Francisco Javier Rodríguez, párroco de la iglesia de Santa María. 

EVANGELIO CON DIMENSIÓN SOCIAL

De don Raúl se recuerda la anécdota de una memorable posada, una posada masiva, en la que el obispo increpó a los asistentes para exponer el caso de una familia de migrantes, el padre, la madre y un niño, que venían de lejos y buscaban un lugar donde quedarse. 

Don Raúl, preguntó palabras más, palabras menos, si había entre la gente una familia dispuesta a acoger a aquellos migrantes. 

Transcurrieron varios minutos tensos. 

Nadie había alzado la mano para ofrecer ayuda. Al final una pareja se animó a dar alojamiento al matrimonio y su retoño. Eran unos esposos de Monterrey.

Entonces el Obispo, en premio a su hospitalidad, obsequió a la pareja un nacimiento con tres imágenes; era Jesús, María y José, los santos peregrinos.

El acto había conmovido profundamente a la concurrencia en aquella fiesta navideña.   

“Era la preocupación de don Raúl por sensibilizarnos a todos los que estábamos presentes en tiempos de Navidad, en que se expresan muchos sentimientos humanitarios y fraternales. Don Raúl quiso ponernos en una realidad, aunque la realidad era simbólica, se trataba de llevarse las imágenes de la Sagrada Familia, pero en el fondo estaba la preocupación de él de que fuéramos sensibles a las personas vivas y concretas”, cuenta el padre Gerardo Escareño. 

En síntesis, dice el padre Francisco Xavier Rodríguez Trejo, el principal legado del Obispo fue promover la dimensión social del evangelio. 

La figura de don Raúl fue de tal relevancia que hasta hay quien ha llegado a considerar que con la renuncia de Vera López se cierre la puerta del Episcopado Mexicano a los obispos de los pobres y culmina la Teología de la Liberación en México.   “Más que una teología de la liberación, un evangelio de la justicia que abarca mucho más, porque fue un universo muy grande, todo un universo de víctimas en la pobreza y en la injusticia”, dice Pedro Pantoja.

UN OBISPO BAJO POLÉMICA

Así como Raúl Vera destacó abrir la puerta de la iglesia a las minorías y defender a grupos sociales ante injusticias, también estuvo bajo la polémica en el caso de investigaciones contra sacerdotes pederastas. 

Desde 2014, la entonces Procuraduría General de Justicia del Estado abrió una investigación por presuntos casos de sacerdotes que habían incurrido en actos de pederastia. 

En julio de 2017, la autoridad ministerial citó a Vera para que aportara más información sobre estos casos, sin embargo, no acudió. En ese entonces, la Diócesis afirmó que los casos que se hicieron públicos en el 2014, fueron llevados y concluidos en conjunto con El Vaticano, donde se decidió retirar del sacerdocio a los implicados.

“Es doloroso hablar de violencia infantil, pero es aún más lamentable que mantengamos un silencio que pueda implicar más abusos”, aseveró la Diócesis en un boletín.

A excepción del castigo aplicado por el poder eclesiástico a través de la Sede Suprema, los dos casos que incurrieron en el delito de la pederastia, y que fueron señalados por el propio Obispo de la ciudad, no habían sido concluidos por la PGJE por falta de avances.

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