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Fotogalería en el Comcar: «La otra cara del delito»

Jose Maria Hill Prados
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Otro aspecto significativo de la muestra, opinó López, es que las imágenes se acompañan de relatos de las personas privadas de libertad dándoles la voz a los protagonistas. «Se habla mucho de las cárceles, pero los discursos siempre los manejan los políticos, los comunicadores, comunicadoras y pocas veces son las personas privadas de libertad las que hablan, que son quienes la padecen»

El pasado martes 18 se inauguró un nuevo espacio de recreación y encuentro en la cárcel de Santiago Vázquez (exComcar). Se trata de una plaza que fue construida con mano de obra de personas privadas de libertad, que participaron de este proyecto junto a la Intendencia de Montevideo y el colectivo Nada crece a la sombra.

En este lugar hay árboles, pasto, juegos infantiles para las niñas y niños que acuden al lugar a visitar a algún ser querido, y una fotogalería que reúne imágenes de personas privadas de libertad que asisten a los talleres socioeducativos que brinda el colectivo Nada crece a la sombra.

Esas fotos corresponden a un proceso de trabajo colectivo que llevó tres años, desde el 2018 al 2020, y en ellas se puede ver a personas privadas de libertad expresándose desde la música, remontando una comenta, riéndose, aprendiendo. En definitiva, alejadas del universo carcelario. Caras y Caretas Portal dialogó con la fotógrafa y el fotógrafo que realizaron estas imágenes, Martha González y Jerónimo López, quienes contaron los objetivos de la muestra y brindaron algunas reflexiones sobre la experiencia. «Lo que busca la muestra es darle voz y ponerle cara a las personas privadas de libertad e intentar dejar atrás la idea de que en la cárcel solo hay violencia, droga cortes, requisas y pelea para mostrar el lado más humano. Sabemos que todo eso sucede, porque es lo que más muestran los medios, pero también pasan otras cosas y hay gente con la que se puede trabajar en estos espacios de respeto y compañerismo», contó López en referencia a los talleres socioeducativos que lleva adelante el colectivo.

Al hacer una valoración de la muestra, el fotógrafo destacó el impacto y alegría que generó en las personas retratadas el simple hecho de «verse en otro lugar». «Cuando se ven a sí mismos, o a sus pares, en esas foto gigantes, en un ambiente sano como una plaza, alejado del delito se ponen re contentos. Dentro de la celda es muy difícil salir de ese personaje de hombre fuerte, así como de todas las construcciones de masculinidades que hay adentro. En la fotogalería se puede ver personas jugando, mujeres trans empoderadas y varones remontando cometas, lo que ayuda a romper muchos prejuicios».

Por otro lado, López contó que está previsto que la muestra salga hacia el exterior del Comcar y entre en el circuito de muestras del Centro de Fotografía de Montevideo, lo que consideró «otro proceso muy interesante». «Cuando esas fotos lleguen a barrios como Parque Rodo, Ciudad Vieja o Peñarol va a generar que las vecinas y vecinos que están alejados de la realidad carcelaria se puedan interpelar al ver a estas personas jugando, tocando guitarra, y en otras tantas situaciones. Eso lleva a empatizar, a darse cuenta que hacemos las mismas cosas y, de esa forma, generar cercanía con quienes creen que la cárcel le es ajena. Las que caen en el delito son personas igual al resto, pero que tuvieron otras circunstancias de vida y fueron víctimas de muchas fallas de los diferentes sistemas, como la familia, la educación o el Mides».

Otro aspecto significativo de la muestra, opinó López, es que las imágenes se acompañan de relatos de las personas privadas de libertad dándoles la voz a los protagonistas. «Se habla mucho de las cárceles, pero los discursos siempre los manejan los políticos, los comunicadores, comunicadoras y pocas veces son las personas privadas de libertad las que hablan, que son quienes la padecen».

Por su parte, Martha González contó que nunca había trabajado en una cárcel y calificó la experiencia como «transformadora». Destacó que se trató de un trabajo colectivo enmarcado en el proyecto de Nada crece a la sombra, por lo cual la tarea de fotografiar fue más fácil. La fotógrafa explicó que a las primeras visitas no llevó la cámara para poder conocer a las personas e involucrarse con la dinámica de los talleres, a los cuales siguió asistiendo cada semana, durante dos años. «El valor principal de la muestra es que refleja ese el vínculo que se establece con la persona privada de libertad, desde un lugar cotidiano, fuera del universo del delito, donde somos todos seres humanos».

«El proyecto de Nada crece a la sombra, además de trabajar adentro de la cárcel, tiene un rol político que busca resignificar el universo delictivo y hacer hincapié en la necesidad de abordar la cárcel desde una perspectiva de derechos humanos y otorgándole otro significado a los espacios carcelarios. Por tal motivo, la muestra busca reflejar todo eso mediante el retrato de personas trabajando, expresándose desde la música, la cultura y otras actividades. Da un mensaje claro, una posición política y marca un reclamo «, agregó.

Para González, el valor de la muestra tiene mucho que ver con esa filosofía del colectivo de «mostrar que el mundo del delito es mucho más que la violencia que se ve y sacar a las personas del lugar de delincuente. Las personas que participaron de los retratos se motivaron porque también querían verse en otro lugar».

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