Política

El Tubazo TV | La mujer se embarazaba con la imaginación, uno de los mitos…

Gran parte de la cacería de mujeres acusadas de ser brujas en los siglos XV y XVI se debió al libro  Martillo de los maléficos,  del fraile dominicano Heinrich Kramer, miembro de la Santa Inquisición, quien propuso que las erecciones y el exceso de placer era un efecto de los maleficios de las brujas. Parte de esa historia es narrada por el autor Francisco González Crussí en el libro  Las folías del sexo. Ideas y creencias sobre el sistema genital. El libro editado por  Debate  narra los mitos sobre la sexualidad, desde el por qué se les llama partes vergonzosas a los genitales, en qué momento la cirugía se convirtió en profesión y porqué la ginecobstetricia era una habilidad de las parteras para informar sobre la virginidad de las mujeres. “Menciono el libro de Heinrich Kramer que desgraciadamente es nefasto porque en ese tiempo la Inquisición estaba en todo su vuelo y se usaba para identificar quién era una bruja. Muchas mujeres inocentes que tenían visiones o convulsiones se pensaba que estaban poseídas y el libro se usó para identificarlas y seguramente miles recibieron martirios”, comenta el autor.  La obra se publicó en 1487, aparecieron docenas de ejemplares en Europa y González Crussí menciona que sólo la Biblia se vendía más que dicho libro de Kramer, para 1530 ya se habían publicado 13 ediciones y 30 años después, la obra seguía circulando. Ese libro se usó como manual de enjuiciamiento, persecución y castigo para mujeres supuestamente culpables de una insaciable lujuria y robo de penes, añade el autor. “También menciono un decreto que hubo en una ciudad francesa, Grenoble, donde el parlamento dictaminó que una mujer se había embarazado sin que el marido estuviera presente. Todos decían, doctores e influyentes, que era factible concebir sólo con el esfuerzo de la imaginación, por la fuerza de la evocación del marido”, detalla. Ese decreto del siglo XVII causó revuelo y son cosas que influyeron porque por muchos años los estudiantes de medicina aprendían que era posible que la mujer se embarazara por el resultado de la imaginación, agrega González Crussí. “Un bromista del siglo XVII, Sauvage, escribió con todo el lenguaje propio del parlamento ese decreto para que pareciera real. Hasta 1884 se dieron cuenta de la mentira y fue una vergüenza para el parlamento, incluso quemaron todas las publicaciones y ya no existe”, indica el también médico. Otro de los temas que aborda González Crussí es el origen de los nombres con los que se denomina popularmente a los órganos sexuales. “Los griegos de la antigüedad decían que los órganos sexuales, en específico los penes, eran animales salvajes. Los definieron como una bestia con voluntad propia, por eso decían que no obedecían a los dictámenes de la razón y las personas eran arrastradas a acciones que lamentan”, narra. No obstante, el autor comenta que la obsesión sexual puede llevar a crímenes, adulterio, difamación y asesinato. “Basta con abrir los periódicos todos los días para darse cuenta que el sexo puede ser causa de mil desventuras”. A veces ciertas anécdotas y mitos no son chuscos, son temas terribles para las mujeres, agrega. “En general, en el mundo, en lugares de tipo rural donde no hay mucha información que aleje el oscurantismo y las supersticiones, la virginidad tiene un lugar tal que en el Medio Oriente son capaces de castigar y matar a las mujeres. Recordemos que en la revista  Time  se publicó la foto de una mujer en Afganistán donde sus hermanos le cortaron la nariz y eso no debería de ser así”, recuerda. DE BARBEROS A CIRUJANOS . Uno de los pasajes que narra González Crussí es el momento en que Francois Gigot Peyronie, primer cirujano del rey Luis XIV, que gracias a esa influencian con el Rey Sol hizo que la cirugía fuera reconocida como una profesión con derecho a instrucción universitaria en 1743. “Fue uno de los cirujanos que promovieron ese ascenso. Los cirujanos trabajaban en las peluquerías y en las campañas militares una de sus funciones era rasurar la barba de los oficiales del ejército. Su rango subió gracias a Peyronie, pasaron a ser especialistas de la medicina de muy alto prestigio”, detalla. Ese mismo personaje descubrió una enfermedad que hoy lleva su nombre, la cual consiste en que un tejido fibroso en el pene ocasione que las erecciones no se logren.  En Estados Unidos existe una campaña para corregir este mal que denominan “ser curvo”, explica el autor. Otro de los mitos sobre la sexualidad que aborda González Crussí es el oficio de la ginecosbtetricia. “El parto y la atención de la mujer parturienta fue siempre cosa de las mujeres, los hombres ni se paraban ahí. Fue hasta el siglo XVIII cuando el hombre empezó a tener interés por la ginecobstetricia, sobretodo porque daba beneficios económicos. Las mujeres siempre fueron discriminadas y durante un tiempo la medicina oficial las relegó”, expresa.